La crisis que estamos transitando no es por la cuarentena ni siquiera por la pandemia sino por el miedo a una crisis mal administrada. Las personas que tenían que brindar tranquilidad al mundo nos pusieron en estado de alerta. Lo que define el comportamiento cuando estamos en modo supervivencia no es el pensamiento sino la emoción.

Las emociones son reacciones subjetivas al entorno que nos movilizan por dentro. Es la causa concreta de todos los cambios a nivel comportamental. Hoy las personas están atravesadas principalmente por el miedo. Es la emoción original. Es lo primero que sentimos cuando llegamos al mundo. Es una emoción tan desagradable como necesaria para sobrevivir.

En un estudio que condujo el equipo de Fine Research, consultora que se especializa en investigación de mercado vinculada a las áreas de la salud, en la que participamos recientemente, se evidencia que la demanda de consultas médicas se redujo en un 50% (es decir las personas no se están atendiendo). En todos los países de LATAM se registra una abrupta caída de pacientes atendidos en general, afectando significativamente la adherencia incluso en patologías como Cáncer, HIV, Diabetes, enfermedades respiratorias, cardiológicas o autoinmunes.

El temor se apoderó tan fuertemente de las personas que ponen en riesgo problemáticas de salud más graves que los propios efectos del COVID-19 a la luz de otros indicadores como edad promedio de los decesos, la tasa de letalidad y la tasa de mortalidad.

¿Nos volvimos locos? No, creo que solo tenemos miedo.

Hay una gran oportunidad de comunicación estratégica para clínicas, sanatorios, hospitales y ministerio de salud. Hay que pasar del quédate en casa porque te vas a morir a poner realmente primero la salud para no morir de otra cosa. Suena muy crudo, pero en algunos países la cuarentena se comunicó y se ejecutó en términos tan estrictos que desembocó en un miedo aún mayor.

Hay que ganarse de nuevo la confianza de la gente.

Es una gran paradoja subjetiva, sin embargo, cuando miramos la evidencia empírica, vamos a encontrar que en todas las crisis lo decesos por malnutrición, cáncer, cardiopatía isquémica y accidente cerebrovascular, infarto, e incluso infecciones respiratorias son aún mayores. En Argentina no tenemos que mirar tan atrás, con solo buscar las estadísticas del 2001 y las del 2008 tendremos suficiente.

¿A dónde estamos poniendo la vara de éxito?.

Si solo miramos cantidad de infectados, R, y decesos por COVID-19, estamos dejando de mirar muchos otros indicadores de la salud que son igualmente medibles e claramente importantes. 

¿Acaso morir por COVID-19 es más importante que por infarto?.

Tal vez la novedad, el miedo, y la presión sobre los líderes en materia de salud genera que todos los esfuerzos estén puestos en el mismo lugar. 
Desatender el resto, para nada constituye una épica de éxito. Cuando prestamos atención incisivamente en un área dejamos de ver otros sucesos inesperados que podrían ser de importancia. A este fenómeno se lo conoce como ceguera por falta de atención. El concepto fue acuñado por los psicólogos Arien Mack e Irvin Rock. 

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Un caso local.

Diagnóstico Maipú, a través de una investigación llevada a cabo por Patricia M Carrascosa, Jefa del Departamento de Investigación de la misma institución, abrió sus datos para poner en evidencia el problema que surte el miedo en la población.

Lo que vemos en este cuadro, es cómo se redujo en porcentajes respecto al mismo mes del año anterior, los controles y estudios de pacientes recurrentes. Hay un 34% de pacientes oncólogicos que no han vuelto a realizar sus controles de PET. Hay un 80% de mujeres con Birads 3 que debían volver a los 6 meses a su control mamario y no lo han hecho. Y menos del 30% de los pacientes cardiológicos se ha chequeado.”

Cuando desde Diagnóstico Maipú preguntaron a los pacientes por qué no volvieron a realizar sus controles, surge como principal respuesta el temor a contagiarse dentro de un centro médico.

Esta es la otra cara de la salud que nos deja la pandemia. Los centros médicos, clínicas, sanatorios, y los gobiernos de Latinoamérica ahora tienen un desafío enorme: volver a entregar confianza y tranquilidad para cuidar de la salud de una manera sistémica.

Hay una oportunidad en el rediseño de servicios, mensajes claves, posicionamientos, experiencia de servicio, que deberá ser revisada si queremos que la salud sea importante en su totalidad.

Les compartimos el link al estudio: “Desafíos para los médicos de América Latina en tiempos de pandemia” realizado por Fine Research.

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